
Nunca comento mis casos particulares, pero como esté lo he desistido me siento liberado. Se trata de la juez comercial n. de la Ciudad de Buenos Aires.
Alli tuve la desgracia de quedar anclado con un pedido de quiebra sustentado en un pagaré. Inicié el trámite hace mas de dos meses y nunca pude decirle al deudor que es insolvente.
La juez se encargó de defenderlo. Primero pidiéndome trámites que la ley de Concursos no prevé y finalmente chicanéandome con el código de procedimiento.
Así que ayer y luego de consultar con mi cliente, decidimos rendirnos ante la defensa del deudor que tan eficazmente hace la fulana autollamada jueza, y digo esto no con afan de ofender sino para destacar que juez es quien resuelve y esta jueza fue incapaz de resolver llamar al deudor que suscribió un pagaré sin protesto impago y con domicilio constituido en la cártula.
Esto convalida nuestra opinión en punto a los desconceptos de la burocracia judicial. Las obligaciones están para ser cumplidas, pero la burocracia entiende que debe defender al incumplidor.
Valga la introducción para el interesante artículo que publica hoy La Nación y que transcribo en su parte pertinente: "2) Seguridad jurídica y respeto por la ley. La credibilidad e independencia de los jueces, y el respeto por sus decisiones (aunque nos perjudiquen), constituyen una fuerte red protectora, no sólo para inversiones y contratos a largo plazo, sino también para los derechos de los más débiles, en el terreno laboral y previsional, y en el espacio cotidiano de los consumidores. En cambio, la morosidad de la Justicia, sumada a la intromisión del poder político, largamente perpetrada en la Argentina, daña profundamente estos objetivos. La falta de estima por la ley, y sus alegres violaciones, sobre todo en la evasión fiscal y en la escena callejera, forman parte de un largo proceso de degradación que ningún gobierno por sí solo puede restaurar, pero cuya corrección cualquier gobierno está obligado a tomar como prioridad. "
Indudablemente que la juez de mi caso, no hace sino justificar el descreimiento mayúsculo que los ciudadanos tenemos en la burocracia judicial


